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Recientemente he conocido varios casos muy cercanos a mi que me han demostrado que por muy avanzados que estemos en algunas cosas, en otras parece mentira que tengamos tantas herramientas a nuestro alcance y que no las usemos.

El primero de ellos comienza con alguien cercano a mi que quería comprarse el iPhone 4. Después de hacer una portabilidad, que al final rechazó por una oferta mejor de su actual operador (Movistar), pudo llegar a un acuerdo por teléfono para conseguir uno a muy buen precio.
Exactamente el iPhone 4 blanco de 32 gigas.
Al cabo de una semana, por fin recibe su teléfono, pero era el modelo negro. Debido a que el acuerdo se hizo por teléfono, al menos para el comprador no queda constancia alguna, ¿a quién reclamas? A ver cómo logras demostrar que lo que te prometieron por teléfono desde el otro lado del charco es lo que tú dices.

Otro caso similar, igualmente por teléfono piden un móvil. El comercial (de Vodafone en este caso) le dice que con los puntos que tiene puede tener un móvil de la marca X modelo Y. Esta persona acepta, y después de 15 días de espera, recibe en su casa un móvil, de la marca prometida, pero otro modelo totalmente diferente. Y lo mismo, ¿a quién reclamas? ¿Cómo demuestras que el fallo no es tuyo si no del comercial? Al final se lo cambiaron, pero sumando el tiempo que le tardó en llegar el primer móvil, más el tiempo que tardaron en darle la razón, más el tiempo que tardaron en venir a recoger el móvil que no era, más el tiempo que tardaron en darle el móvil nuevo… demasiado tiempo.

Y a lo que me refería al principio, ¿por qué con todas las facilidades que hay ahora no te pueden enviar el acuerdo al que has llegado por email? O si es demasiado moderno pues no sé, por SMS, carta, fax… ¡algo! Estos dos casos son cercanos a mi, pero casi a diario leo similares en internet.

¿Por qué no facilitan las cosas cuando es muy sencillo?

Imagen cortesía de Vermin Inc con licencia Creative Commons.

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